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Pilla, una aventura que dura 70 años.



Derretir el metal, fundirlo, manipular la materia para transformarla en objetos de formas elegantes y originales. Un trabajo que la firma Pilla viene realizando desde hace más de setenta años, transmitiendo los secretos de un arte antiguo que tiene sus raíces en la secular tradición artesanal italiana. En los antiguos talleres medievales los maestros fundidores, ceramistas y estampadores se distinguían por destreza técnica y habilidades manuales. Lo mismo en los talleres Pilla, donde se sigue transformando la materia con el cuidado y la habilidad de tiempos atrás,  mediante procesos productivos que conjugan las modernas soluciones tecnológicas con la experiencia de una larga tradición artesanal.

Una tradición comenzada en 1935 por Guido Pilla, con dedicación exclusiva a la fotocerámica y, posteriormente, abrió en Milán una fundición de bronces. Tras la segunda guerra mundial, durante la cual se interrumpió la actividad, el taller volvió a abrir sus puertas en Vicenza, con dedicación primero a la fotocerámica y luego se amplió con una fundición, con sede en Thiene, a pocos kilómetros de la ciudad bérica.

En 1969 el taller se convierte en empresa, incrementando su producción e inaugurando el taller de moldes en Carrè, dirigido por Roberto, hijo del fundador y actual Presidente y Administrador de la compañía. La actividad sigue creciendo en los años siguientes y todos los talleres Pilla se van conglobando progresivamente en la fábrica vicentina de Carrè.

Hoy, la empresa cuenta con una plantilla de más de cien colaboradores y está dirigida siempre por la familia Pilla, directamente por Roberto Pilla y su hijo Manuel, que, juntos, representan el futuro de la empresa y un vínculo importante con su historia.